viernes, 3 de octubre de 2014

DERROTERO DE LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL

DERROTERO DE LA FILOSOFÍA OCCIDENTAL
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
 
La filosofía occidental no es comienzo de la filosofía misma, y para comprender este asunto solamente hay que echar mano a la reconceptualización misma del filosofar como pensar fundante tanto simbólico como conceptual, pero este no es el punto que nos congrega aquí, sino indagar el derrotero histórico de una de las formas del filosofar, quizá la más influyente, de la tradición del pensamiento universal. En este sentido nos preguntamos: ¿Cuál es el derrotero de la filosofía occidental? ¿Hacia dónde apunta su camino y destino? La respuesta que ha sido señalada por diversos pensadores al respecto es el nihilismo. Pero lo que aquí aporta esta contestación es para nuestro propósito inquietante, porque aquí lejos de enumerar doctrinas y autores vamos solamente a detenernos en las tesis esenciales que llevaron la pensar occidental hacia el nihilismo.

Filosofía de la Antigüedad. Lo más esencial de la filosofía antigua se plasma en la metafísica de las esencias, la cual no nace de la teología o de una preocupación por dar cuenta de la existencia de Dios, sino que nace del problema del devenir. En la metafísica de las esencias se concibe a las mismas para comprender el devenir y salvar al mundo de las apariencias Heráclito, Platón, Aristóteles). Solamente desde Filón de Alejandría, el neoplatonismo y San Agustín, la metafísica de las esencias se vuelve teología al desarrollarse como metafísica de las formas eternas.

Como vemos la filosofía en Occidente nace en la Antigüedad como metafísica, búsqueda del arjé o primeros principios, que plasma la metafísica de las esencias (ideas como realidades). Así, se abre camino el conceptualismo de Sócrates y las sistematizaciones de la teoría de las ideas de Platón y el realismo de Aristóteles.

La impugnación a la metafísica de las esencias (las Ideas son conceptos) estuvo presente desde el relativismo ontológico de Heráclito, el escepticismo sofístico, y la epojé de los escépticos del helenismo Sin embargo, la metafísica de las esencias con sus verdades de razón constituye el aporte el aporte fundamental de la filosofía antigua occidental. No está demás apuntar que el monoteísmo de Platón y Aristóteles rozó el teísmo. En suma, el gran aporte del filósofo griego –que siempre arranca del ser- es la tesis de que el ser es el ser verdadero. Este concepto selectivo formulado a través de sus tres categorías básicas (teoría, logos y ser) no incluye todo lo que existe en general.

De ahí que la filosofía griega se debate en torno al problema metafísico de la Unidad (dividida en Heráclito, compacta en Parménides, sintetizada en Platón y Aristóteles, sobrevalorada en Plotino). El resultado es la desvalorización del devenir, lo múltiple y el mundo. Plotino, centrado en una contemplación deificadora del alma, representa el pináculo de la desintegración de la síntesis platónico-aristotélica entre lo Uno y lo Múltiple. Para Plotino lo único que tiene sentido es lo Uno mientras que lo múltiple y el devenir queda descalificado.

Filosofía de la Edad Media. La filosofía medieval cristianizó la metafísica de las esencias con el teísmo, creacionismo, la idea del hombre como unidad del alma y el cuerpo, libertad humana y plan divino. Si el ideal de la filosofía antigua fue la vida teórica, el de la filosofía medieval fue la vida beata. Pero la filosofía cristiana va a traer una idea totalmente nueva: la creación. En vez del principio antiguo Nihil ex nihilo o nada viene de la nada viene el Creatum ex nihilo o la creación desde la nada. Por eso, se puede decir que si el griego filosofa desde el ser el europeo occidental lo hace desde la nada.

La filosofía Patrística conservó el criterio platónico del ser como ser verdadero, mientras que la Escolástica, en su mayor parte, dio pie a desfiguraciones de la metafísica, obscureció la relación de las ideas con los fenómenos y el ser verdadero terminó siendo visto como una especie de trasmundo. Terminó en un tipo de realismo que dio lugar a un empirismo que se repetiría en la filosofía moderna.

La filosofía medieval concluiría, al desintegrarse la síntesis del tomismo, sustituyendo el criterio selectivo del ser como ser auténtico y verdadero por el ser en general (Escoto, Occam), lo que terminaría poniéndola en continuidad con la filosofía de la modernidad. No obstante, el final del Medioevo con Cusa es superior al Renacimiento y a la Ilustración y se tuvo que esperar hasta el idealismo alemán para que diera sus verdaderos frutos.

Filosofía del Renacimiento. La filosofía del renacimiento, bien dice Julián Marías, no es un periodo metafísico creador, tiene falta de precisión y rigor, es inferior a la escolástica y es un momento filosóficamente negativo. No obstante, como demuestra Heinz Heimsoeth, contribuyó a romper con la tradición medieval mediante el humanismo, el naturalismo, realismo político, inventos, descubrimientos y, sobre todo, con grandes temas metafísicos: yo, mundo y Dios.

En realidad, mucho de la Edad Moderna ya se encuentra en Abelardo, Escoto, Occam y Cusa. Así, en el Renacimiento vuelve el platonismo, aristotelismo, estoicismo y humanismo, resurgen los misterios, la cábala, el ocultismo y la teosofía. Pero el auténtico aporte del Renacimiento fue el concepto cuantitativo mecanicista de ciencia y naturaleza, creado por los fundadores de la física moderna. Esta idea diluyó la concepción eidética del ser que era común a la metafísica de las esencias de la antigüedad y el cristianismo.

 En consonancia surge una nueva concepción del hombre y del Estado y un verdadero escepticismo. Es imposible en este periodo obviar el surgimiento de la escolástica española, portuguesa y alemana, o primer neotomismo, la cual dominó en escuelas y universidades e hizo posible a los filósofos sistemáticos del siglo diecisiete y dieciocho. Su aporte fue la categoría de la libertad y persona humana. En suma, la filosofía del renacimiento sustituyó el concepto de ser verdadero por el concepto de ser en general y tomó descalificadoramente la metafísica de las formas eternas como concepción teológica, para sustituirla por la metafísica de las formas contingentes o del ser finito.

Filosofía Moderna. La filosofía se hace verdaderamente moderna con el advenimiento del empirismo. La vertiente racionalista, si bien disocia el objeto y sujeto y hace de los subjetivo lo único seguro y autónomo, sin embargo, prolonga las verdades de razón de la antigua metafísica.

En cambio, la gran ruptura con la metafísica eidética la encarna el empirismo, hija legítima del nominalismo medieval, que rompe con la metafísica platónico-aristotélica, niega la trascendencia, ni verdades eternas ni inmutables, sino que solamente es válido lo puramente inmanente, fáctico, lo humano, temporal, útil, individual, el deseo y el poder.

La idea empirista  es “concepto”, por eso no es lo mismo que la idea platónica que es “esencia”. En el realismo de las Ideas éstas son realidades, pero Hume rompe con la tradición metafísica occidental, la filosofía ya no será ciencia de las cosas divinas y humanas, ni ciencia de lo trascendente, sino ciencia de lo humano e inmanente. Es el comienzo de la autocratización del hombre autónomo. Con Hegel y el idealismo alemán la metafísica cobra vigor pero se termina borrando la distinción entre Dios y Mundo, y con ello naufraga la trascendencia misma y no se sale de la metafísica de lo inmanente, que es glorificado por el sensualismo y el positivismo.

Filosofía Contemporánea. Comienza con una vuelta a la tradición metafísica y una mayor atención a la peculiaridad a la vida del espíritu. Estos pensadores son sacerdotes católicos como Bolzano (afirma el carácter independiente del ser), Rosmini (busca la intuición de un primer verdadero), Gioberti (sostiene un apriorismo del ser y un conocimiento inmediato de Dios), Gratry (idea de Dios y persona son fundamentales cuestiones metafísicas) y Brentano (visión evidente de la esencia de las cosas). A ello hay que sumar la filosofía de la vida de Dilthey, que va a tener continuadores en Simmel, Bergson, Blondel y Unamuno.

La filosofía contemporánea acontece en una época dominada por la técnica, la industria y el capitalismo, lo cual hizo que la filosofía de la segunda mitad del siglo diecinueve fuera dominada por  corrientes que eran secuela del empirismo inglés, el escepticismo francés, el fenomenalismo kantiano, el materialismo marxista, el materialismo evolucionista, el nihilismo nietzscheano, el fenomenalismo positivista y el pragmatismo norteamericano. No obstante, subsistieron las corrientes metafísicas con el realismo de Bolzano, la metafísica inductiva de Fechner, Lotze y E. von Hartmann.  

Así, la filosofía contemporánea comienza con una vuelta al objeto, al ser, a la existencia (vitalismo, fenomenología, ontologismo, realismo crítico, ideal-realismo y existencialismo, estructuralismo) y concluye con otra nueva renuncia al ser (filosofía analítica, posestructuralismo, posmodernismo). Ya Heidegger había considerado la necesidad de renunciar a la metafísica tradicional y alcanzar una ontología auténtica. Esta rebeldía a la metafísica tradicional degeneró en el imperio del logos de Hume y del nominalismo a través del juego de palabras (neopositivismo, posestructuralismo, posmodernidad). Y concluyó en el horizonte nihilista donde el último hombre liberado de toda fe, razón y verdad se entrega al hedonismo narcisista de su propia voluntad egolátrica.

¿Cómo superar el naufragio de trascendencia en el actual horizonte nihilista de la filosofía occidental? De la metafísica del eidos de la antigüedad y Medioevo se vino a arribar a la metafísica del percipi de la modernidad egolátrica. Y con el avance de la tecnología e informática el percipi mismo se ve amenazado de ser desplazado por la metafísica de lo virtual. ¿Cómo superar la ruptura nominalista y empirista que convierte la idea platónica de “esencia” en “concepto”? Tras dos mil quinientos años de filosofía occidental el eidos, desde la modernidad hasta el comienzo del siglo veintiuno, dejó de ser realidad y lo real es solamente lo fáctico inmanente.

Desde la modernidad predomina el divorcio entre la inmanencia y la trascendencia, el ente y el ser. Esta tendencia al nihilismo no sólo es fortalecida por tendencias internas del desenvolvimiento filosófico, porque existen poderosas corrientes externas, como el capitalismo globalizador consumista y también por la mentalidad técnico-científica, como principal fuerza de desequilibrio de la relación entre el ser y el ente, el predominio del ser en general sobre el ser verdadero y el quiebre de la síntesis metafísica entre lo Uno y lo Múltiple.

Verdaderamente comprender que el ser es esencia sólo en relación con el ente –contrariamente a lo sostenido por Heidegger que el pensar esencialista es el olvido del ser-, es decisivo no sólo para recuperar a la metafísica del olvido del ser, sino para afrontar con una nueva mentalidad los problemas del cambio climático y la crisis ecológica. La metafísica tradicional debe ser indudablemente superada en la desvalorización del devenir y lo múltiple, propio de la filosofía antigua y superado por la filosofía cristiana, pero a su vez debe ser conservada en la realidad del ser como ser verdadero. Buscar el ser en sí, más allá de toda esencia, no debe obstruir la síntesis metafísica con el ser esencial, ni terminar en un puro concepto trascendente.


Lima, Salamanca 03 de Octubre 2014