jueves, 2 de junio de 2016

INKAS Y FILÓSOFOS AMAUTAS

Inkas y Amautas Filósofos
Por
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Decía Ganivet, el Nietzsche español, que un libro voluminoso tiene la obligación de ser bueno, de lo contrario nadie lo vuelve a leer. Este difícil objetivo ha sido cumplido en la reciente obra de nuestro amigo el filósofo Víctor Mazzi. Pero además se añade otro mérito más. Y es que el tema de la filosofía andina es tabú y marginado por la cátedra universitaria que en el Perú se aferra al dogma eurocéntrico de filosofía. Por tanto, dedicar tantas valiosas páginas al tema y hacer frente al prejuicio académico exige el coraje de un Cid Campeador, o mejor, el arrojo de un Túpac Yupanqui que descubrió Oceanía. Y estos no son elogios superlativos ni inmerecidos. Porque el libro no sólo está bien escrito, con un estilo sobrio y claro, sino también con una documentación soberbia y un esfuerzo de varios años digno de admiración.

¿Hubo Filosofía en el Tawantinsuyu? ¿Se puede llamar filosofía a la sabiduría de los incas? ¿Es Grecia la medida de toda filosofía posible? ¿El universalismo eurocéntrico puede seguir negando la capacidad filosófica de los antiguos peruanos? ¿Ofrecen los manuscritos coloniales información sobre la filosofía de los amautas? ¿Se puede hablar de un corpus filosófico valedero en el Tawantinsuyu? ¿Si el pensar filosófico está unido a la escritura entonces tuvieron escritura los inkas? ¿Qué clase de escritura permitió ejercitar la reflexión filosófica entre los inkas? ¿En la filosofía del Tawantinsuyu estuvo separado el Mytho y el Logos como en la filosofía griega? ¿La existencia de la filosofía tawantinsuyana exige una nueva definición de filosofía? Todas estas preguntas, que tienen una larga discusión en la filosofía peruana y mundial, tratan de ser respondidas con solvencia y rigor científico en el flamante libro del amigo y pensador Víctor Mazzi.

Como se conoce la discusión sobre la existencia de la tradición filosófica en el Perú es de larga data. En los cronistas hay menciones explícitas (Cieza, Murúa, Polo, Betanzos, Inca Garcilaso, Guamán Poma, entre otros). Pero desde el siglo diecisiete el etnocentrismo eurocéntrico terminó por negar su existencia imponiendo la hegemonía de la tradición occidental. Tan fuerte fue el desarraigo de lo nuestro que hasta comienzos del siglo veinte recién se levantaron voces disidentes a partir de Luis E. Valcárcel. Y esto sucedía gracias al impulso peruanista dado por la generación del 900 y la generación del 20. Riva Agüero, Julio C. Tello, Víctor Andrés Belaunde, J. C. Mariátegui, Luis Alberto Sánchez, entre otros, cumplieron un rol promotor. Pero la inquietud y el debate sobre la existencia de una filosofía inka cobra impulso recién desde el Congreso del Cusco de 1965 gracias a Antero Peralta. No obstante, fue el propio historiador de las ideas y filósofo de la liberación, Augusto Salazar Bondy, quien negó la existencia de filosofía en el Perú prehispánico. Aun cuando en sus últimas obras replantea la visión eurocéntrica y postura anatópica, sin embargo fue su primera postura la que predominó en el mundo académico. Y hasta el día de hoy en ninguna universidad del Perú se enseña filosofía precolombina. No obstante, el enfoque autoctonista siguió sobreviviendo y cobró nuevo impulso desde fines del siglo veinte (Díaz Guzmán, Mazzi, Flores Quelopana, Pacheco Farfán). Y nuevamente cobró impulso con el enfoque intercultural que exponía Estermann.

Es en este contexto en el que aparece el profesor Víctor Mazzi Huaycucho, doctor, magister en Educación y profesor principal en la Universidad La Cantuta, con su reciente libro Inkas y Filósofos. Posturas, teorías, estudio de fuentes y reinterpretación (2016). El cual es un verdadero vademécum erudito sobre la filosofía inca. Difícilmente la discusión y el estudio de la filosofía ancestral peruana podrán continuar sin consultar esta valiosa obra de Mazzi. El material que proporciona es invalorable.

Su libro ofrece un estudio científico, pormenorizado y escrupuloso de las posturas, teorías y fuentes que demostrarían la existencia de un corpus sólido sobre la filosofía inka. Además, contiene una reinterpretación que prolonga el carácter polémico sobre la filosofía inka y ancestral. El libro está divido en cuatro partes y ocho capítulos. Y su enfoque es etnofilosófico intercultural. No obstante, y a diferencia del interculturalismo de Josef Estermann (Filosofía andina. Estudio intercultural de la sabiduría autóctona andina, 1998), está muy lejos de reducir la filosofía en la cosmovisión y en el runa común. Por el contrario identifica nítidamente como filósofos a los amautas y a algunos gobernantes incas. Es por ello que su libro en vez de “Inkas y filósofos” debió llamarse “Inkas y Amautas filósofos”.

En primer lugar hay que destacar que penetra con mucha agudeza en el problema de la filosofía inka ancestral con el patrón comparativo hermenéutico de tres categorías: traducibilidad, comparabilidad e inconmensurabilidad. Es decir, su herramienta metodológica implica una síntesis entre hermenéutica y epistemología. La pregunta que se deriva de esta postura metodológica es ¿Por qué es posible y necesaria esta síntesis en el estudio de la filosofía inka? Este es un punto a esclarecer en su libro.

La Primera Parte de su obra sostiene que mientras el “universalismo asuntivo” niega la existencia de la filosofía inka porque es eurocéntrico, el “autoctonismo afirmativo” afirma su existencia porque acepta un enfoque “etnofilosófico” y la no separación entre Mytho y Logos. ¿Significa esto que la comprensión del filosofar ancestral implica una nueva teoría de la razón donde exista un diálogo permanente entre logos y mytho? Esta parece ser la tarea pendiente de los investigadores de la filosofía ancestral.

La Segunda Parte de su libro aborda las Teorías existentes. Y concluye que el “universalismo occidental” no es el único universalismo válido. Sobre la base de este monoculturalismo se invalidó el saber inka como mítico y prefilosófico. Entonces ¿Se rechaza la pretensión de validez universal de la filosofía griega sobre la base de un polimorfismo cultural? Si es así debemos suponer que la filosofía ancestral peruana es más antigua que los incas y se retrotrae mucho más atrás en el tiempo.

En la Tercera Parte se aboca al estudio de las Fuentes. Los Manuscritos e impresos coloniales los considera adulterados ideológicamente para favorecer la dominación colonial. Al Kipu le reconoce la condición de escritura tridimensional. Y al Tocapu lo considera como un registro bidimensional pictogramático geométrico. Con ello busca rebatir la objeción de que sin escritura no hay reflexión abstracta y por tanto filosófica. ¿Acaso su argumentación no constituye la demostración de que es posible la filosofía simbólica? Es decir, que se puede filosofar no sólo con formas conceptuales sino también estéticas? Ya Mariano Iberico había discurrido sobre el asunto. Que es posible hacer filosofía no sólo a través del concepto puro de la lógica sino también por el concepto imagen del símbolo, la metáfora y la analogía. Que el hombre ancestral filosofó no a través de la abstracción conceptual sino por medio de la abstracción simbólica.

En la Cuarta Parte final ofrece la Reinterpretación. Allí reconoce en el Amauta la presencia del filósofo, incluso que hubo reyes incas filósofos (Sinchi Roca, Pachacútec). Muestra la existencia de pensamientos reflexivos comunes con la tradición filosófica occidental. Y recoge una tradición sapiencial que muestra al filósofo incaico como un sabio con protección real. Se debe entender por Filosofía a un saber unido a la tradición. Entonces, ¿Qué es Filosofía en la sabiduría ancestral y en sentido no occidental? Quizá la respuesta clara a esta pregunta sea la parte que adolece su texto.

El libro pone énfasis en lo “comparable” de la filosofía inca con la filosofía occidental, sobre todo presocrática, la cual todavía no estaba subyugada al imperio conceptolátrico identitario parmenídeo-aristotélico. Pero podemos preguntarnos si se puede señalar lo “no comparable” en el impulso metafísico frente a la tradición occidental. Si Grecia se debatió en torno al problema del devenir, o sea cómo salvar la Verdad de las apariencias, ¿en torno a qué se debatió la filosofía ancestral inka? La respuesta a esta pregunta tampoco queda nítidamente esclarecida.

Finalmente, su postura etnofilosófica no eurocéntrica abre nuevos sentidos para la comprensión de la filosofía ancestral. Pero si no existe definición monocultural de filosofía ¿cómo debe se debe entender metafilosóficamente a la filosofía misma? Esta última interrogante es la gran batalla a la que debe enfrentarse todo investigador de la filosofía ancestral y de la filosofía andina.


Lima, Salamanca 2 de Junio 2016